Un hombre que alcanzó la universalidad gracias a su Cucurrucucú paloma, cantada en sesenta idiomas y conocida en todo el mundo.
—Tomás Méndez Ormaechea
Tomás Méndez Sosa nació el 25 de julio de 1926 en Fresnillo, Zacatecas, hijo de Juan Méndez Aguilera, minero, y María Sosa de la Rosa. Creció en un entorno de carencias económicas que lo llevó, junto con sus hermanos, a trabajar desde temprana edad. Aun así, destacó por su carácter alegre y por una sensibilidad poco común: la capacidad de observar y transformar la vida en música.
Durante su infancia desempeñó diversos oficios, entre ellos el de canastero, llevando alimento a los mineros en los tiros de las minas. Fue ahí donde entró en contacto con las palomas que anidaban en esos espacios templados, imagen que años más tarde daría origen a una de las canciones más universales de la música mexicana: Cucurrucucú paloma. También trabajó como afanador de hospital, experiencias que contribuyeron a forjar su carácter y su mirada del mundo.
Sin formación musical académica, comenzó a componer de manera intuitiva. Sus canciones eran interpretadas en cantinas y reuniones populares de su pueblo, y él, aún menor de edad, se las ingeniaba para escucharlas desde las azoteas. Esa necesidad de oír su obra en voz de otros confirmó su vocación.
Tras un breve intento en Ciudad Juárez, volvió a Fresnillo, pero pronto comprendió que su destino estaba en otro lugar: poco tiempo después partió definitivamente a la Ciudad de México en 1947. Sin recursos ni contactos sólidos, se integró paulatinamente al ambiente artístico. En 1950 obtuvo su primer empleo en la XEW como “jala aplausos”, experiencia que le permitió comprender el pulso del público y acercarse a intérpretes, productores y músicos.
Su talento encontró reconocimiento cuando Mariano Rivera Conde, director artístico de RCA Victor, descubrió sus composiciones. Aquel encuentro marcó el inicio de su carrera profesional: sus canciones comenzaron a ser producidas y grabadas por grandes intérpretes, entre ellos Miguel Aceves Mejía, quien impulsó decisivamente su obra.
Registro fotográfico del compositor mexicano Tomás Méndez junto a diversas figuras del ámbito musical, entre quienes se distinguen Mariano Rivera Conde, Pedro Vargas, Amalia Mendoza “La Tariácuri” y Miguel Aceves Mejía. La imagen conserva el testimonio de un encuentro entre personalidades relevantes de la música mexicana, cuyas trayectorias contribuyeron a enriquecer el cancionero popular y la memoria cultural del país.
A continuación, un recorrido por canciones que forman parte de la memoria colectiva… y por la voz que les dio origen. Más de ciento cincuenta obras en las que late el alma de México, donde conviven piezas universales con otras inéditas o poco difundidas, rescatadas de sus archivos personales.
Las imágenes reunidas en esta sección forman parte del Archivo Tomás Méndez Sosa y se comparten desde el sitio web oficial dedicado a su vida y obra.
Descansa en el Panteón Jardín de los compositores de la Ciudad de México, bajo la cantera rosa de su tierra zacatecana, donde su propia voz, convertida en epitafio, resuena para siempre:
“Cucurrucucú paloma… ya no le llores”.